EN LA INFINITA CALMA DE DIOS (III)
UN INFINITO JUEGO DE MUÑECAS RUSAS
Un día, Dios, en su infinita calma,
quiso ser mago y se inventó un inmenso
truco, donde lo grande y lo pequeño
eran tan sólo una cuestión de escala.
En un grano cabían mil montañas
y en un átomo un sol. Un universo
contenía millones de universos
y el hombre a Dios, que en sí todo abarcaba.
Todo según el ojo, la distancia,
según la dimensión. Como en un juego
de muñecas matrioskas, todo dentro
contenía de sí mismo miríadas
de sí mismo, que en sí mismo guardaban
miríadas a su vez, y así del cero
al infinito. Todo fuera y dentro
a imagen de sí mismo y semejanza.
