EN LA INFINITA CALMA DE DIOS (II)
PERSONAJES DE UN SOLO ACTOR
Un día, Dios, en su infinita calma,
quiso vivir las infinitas vidas
de la Vida, las vastas e infinitas
posibles variaciones del ser. Nada
que fuese imaginable se escapaba
a su deseo de ser todos. Sería
ángel, demonio, Dios, hombre… Sería
todos los seres con sus circunstancias.
Un solo actor que, a un tiempo, interpretaba
todos los personajes, que sufría
en sí cada dolor, cada injusticia,
y que con cada gozo disfrutaba.
Y creo el gran tinglado de la farsa:
un universo inmenso, a su medida,
donde poder vivir todas las vidas
por su divina mente imaginadas.
