LA SEXTINA
La sextina es una complicada composición poética de arte mayor, de seis estrofas de seis versos endecasílabos cada una, que termina en una especie de estrambote de tres versos también endecasílabos, llamado tornado, contera o envío. A diferencia del resto de las composiciones poéticas, aquí no riman sólo las últimas sílabas o vocales de las palabras, sino las palabras enteras. Se repiten en cada estrofa siguiendo un riguroso orden que busca que las palabras sumen siempre siete. Es decir que la última palabra de cada estrofa (6) debe ser la primera en la siguiente estrofa (1), la quinta (5) la segunda (2), la cuarta (4) la tercera (3), la tercera (3) la cuarta (4), la segunda (2) la quinta (5) y la primera (1) la sexta (6), de modo que siempre sumen siete. La estrofa la inventó el trovador Arnaut Daniel, que según parece, era un gran jugador de dados, inspirándose precisamente en el juego de los dados. Observó que las caras opuestas de cualquier dado suman siempre siete. Si tiramos un dado y nos sale un 6, la cara oculta siempre será el 1. Si nos sale un 5, será el 2 y si nos sale un cuatro, será el 3. Y así sucesivamente. En la última estrofa de tres versos, la contera o tornado, deben aparecer las seis palabras, dos en cada verso, procurando que también sumen siete; es decir, la 6 y la 1 de la primera estrofa, en el ptrimer verso, la 5 y la 2, en el segundo, y la 4 y la 3, en el tercero.
Sirva, como ejemplo, esta sextina que acabo de escribir.
LA POESÍA
Durante muchos años, lo fue todo.
Pusiste en ella tus mejores sueños.
Le diste lo mejor de ti y tu tiempo
esperando llegar a ser tú mismo.
Durante muchos años, fue el sentido
y la razón de ser de tu existencia.
Ahora que el final de tu existencia
se acerca y que se va acabando todo,
sin ilusiones vanas, sin sentido
-pues ella era el sentido-, ya sin sueños,
asumes lo que ves como tú mismo
y te aceptas después de tanto tiempo.
Te preguntas: ¿gané con ella el tiempo
o fue tiempo perdido? Tu existencia
no sería, lo sabes bien, lo mismo
sin ella. Pero a veces crees que todo
mejor te hubiese ido sin los sueños
de gloria que nublaron tu sentido.
Sientes que en este mundo sin sentido
en el que dicen que hasta es oro el tiempo,
quizá debiste abandonar los sueños
y creer solamente en la existencia
de lo contante y lo sonante. Todo
lo que no es eso, sobra y da lo mismo.
¿De qué valió esforzarte en ser tú mismo
y en buscarle a las cosas su sentido?
Sobrevivir un día más es todo
sin otro afán que ver pasar el tiempo.
Hacia la mar discurre tu existencia.
Y es otra la materia de tus sueños.
Ella se fue, como llegó, entre sueños,
acaso porque tú no eras el mismo,
dejando más vacía tu existencia.
Y ni puedes decir que lo has sentido.
También uno se cura, con el tiempo,
de sufrir, de escribir, de ser... De todo.
Harto de la existencia, harto de todo,
de los sueños, del mundo y su sentido,
del tiempo, de ella y hasta de ti mismo.
JAVIER SALVAGO


escarcha dijo
Mi querido poeta, parece que va usted calentando motores... sigo esperando que alce el vuelo
9 Abril 2011 | 01:28 AM