USTED ES EL MUNDO
Cuando yo era hippy y leía a Krishnamurti aprendí algo importante que, entre otras cosas, me ayudó a sobrellevar mis contradicciones de la época; es decir, qué hacía yo deseando estrangular a aquel tipo si yo era pacifista o cómo podía sentir celos de que mi chica coqueteara con aquel imbécil si todos creíamos en el amor libre. Estas y otras contradicciones se aclaraban cuando el maestro nos explicaba que “el observador es lo observado”. Si usted no ha sido hippy ni ha leído a Krishnamurti, se preguntará que qué diablos quiere decir eso. Pues quiere decir que todos estamos hechos de la misma materia, una materia amasada con todos los sentimientos, emociones, pasiones, filias y fobias de las que es capaz el hombre.
Lo normal ante el miedo, por ejemplo, es decir: tengo miedo. Vemos el miedo como algo exterior a nosotros que momentáneamente nos posee y de lo que podemos escapar huyendo o luchando. Pero Krishnamurti nos enseña que no es que tengamos miedo, sino que somos miedo, que el miedo forma parte de nuestra constitución, que es un elemento más de los muchos de los que estamos hechos, como el valor, la entrega, el entusiasmo, el heroísmo. Todo lo que el ser humano puede sentir o experimentar está en él, es él.
Por eso, yo no me atrevería a decir que no soy racista. Puedo decir que no alimento esa parte de mí que rechaza lo diferente, ese atávico resquemor de clan o de tribu que me impulsa a desconfiar de los que tienen otro color de piel, hablan en otra lengua o adoran a otro dios. Pero no hay que ser ingenuos, no hay que confundir la realidad con el deseo, lo que somos realmente con lo que creemos ser.
El racismo forma parte de nosotros, es un componente humano más. A veces, basta con que un gitano o un negro decidan vivir en nuestra comunidad para que el racismo aflore y nuestra solidaridad universal se resquebraje. Somos racistas, violentos, fanáticos, intolerantes, envidiosos, celosos porque todo eso forma parte de la materia de la que estamos hechos, como lo forma la generosidad, la solidaridad, el altruismo, el amor, el respeto. Todo -lo bueno y lo malo- está en nosotros dispuesto a manifestarse, a dominarnos. Y está bien saberlo para no sorprenderse ni engañarse.

Eugénides Boccherini dijo
¡Qué bueno eso acerca de las contradicciones...!
"qué hacía yo deseando estrangular a aquel tipo si yo era pacifista o cómo podía sentir celos de que mi chica coqueteara con aquel imbécil si todos creíamos en el amor libre"
¡Un saludo y ánimo con el blog!
5 Diciembre 2009 | 01:08 PM