PARA UN DEBATE SOBRE LA PROSTITUCIÓN
La prostitución, ejercida libremente, debería ser una actividad tan digna como cualquier otra de las muchas actividades presuntamente dignas que realizamos a lo largo de nuestra vida. No es más indigno vender (o alquilar) el cuerpo que otras partes más nobles de nosotros, como el cerebro o el alma, y todos de un modo u otro lo hacemos todos los días. Todos vendemos (o alquilamos) algo de nosotros para ganarnos el pan. Una mujer o un hombre que deciden libremente, incluso con un cierto placer, comerciar con su cuerpo, están en su pleno derecho. La prostitución (siempre elegida por quien la ejerce, nunca impuesta) no es ni debería ser ningún delito. El delito -y lo que hay que perseguir incansablemente- es la trata de blancas, el proxenetismo y cualquier tipo de esclavitud que obligue a un ser humano a ejercer por la fuerza una actividad que no desea. Lo demás, es asunto de cada uno.
