UNA PAREJA COMO TANTAS
Monika y Rabu son pareja y residentes en San Petersburgo. Como cualquier pareja joven, enamorada y con pocos medios y comodidades –sólo tienen garantizada la comida diaria y el techo- dedicaban la mayor parte de su monótona existencia a los juegos del amor, su ocupación favorita y casi exclusiva. Tanto juego trajo como consecuencia natural un hijo al que bautizaron con el castizo nombre de Ramón. Como suele ser natural en estos caso, Ramón se convirtió en el ojito derecho de sus progenitores y en la principal razón de su existencia. Monika y Rabu vivían felices por él y para él hasta que alguien decidió que eran la familia perfecta para ser sometida a un novedoso experimento. Les instalaron en casa un televisor –aunque parezca extraño, era el primer televisor del que disponían- con el fin de educarlos en las alegrías de la vida familiar mediante una serie de programas en los que se les enseñaba, entre otras muchas cosas de provecho, cómo criar a su retoño.
Monika y Rabu acogieron el diabólico invento con una recelosa curiosidad inicial que pronto se convirtió en una incontrolada adicción a los rayos catódicos. Contra lo que se esperaba, la reacción fue que dejaron de prestarle la necesaria atención a su vástago. Ramón lloraba desconsoladamente reclamando los cuidados y los mimos a los que sus progenitores lo tenían acostumbrado, pero estos parecían sordos a sus requerimientos, enfrascados, como estaban, en la boba contemplación de sus programas favoritos. Especialmente Rabu, que no contento con desentenderse de su hijo comenzó a pasar de su compañera y a dejar de cumplir con sus hasta entonces placenteras obligaciones conyugales.
Sobra decir que el experimento resultó un rotundo fracaso, puesto que en lugar de unir a la familia, como se pretendía, acabó destruyendo la vida familiar de nuestra pareja, como la de tantas otras que dejan de hablarse, de mirarse y de atenderse por culpa de la televisión. Les decía al principio que Monika y Rabu residen en San Petersburgo, pero no les he dicho todavía que viven en el zoo. La razón es que son orangutanes. Nadie lo diría.



eric dijo
Ayer escribí un post que podría estar totalmente relacionado con este tuyo.
Y es que ¿dónde está, si existe, la frontera?
Un saludo.
23 Abril 2007 | 02:21 PM