LA ETERNA JUVENTUD
El mito de la eterna juventud ya no es un mito. Al menos, no para algunos ejemplares privilegiados de la mosca de la fruta que, gracias a la manipulación de un gen en el laboratorio, vieron hace algún tiempo cómo se duplicaban sus expectativas de vida y cómo mejoraba su calidad. De los 37 días a los que suele reducirse su ciclo vital pasaron a vivir 70 en óptimas condiciones; es decir, conservando su vitalidad juvenil, volando airosamente y apareándose con pasión y eficacia reproductora hasta el último instante de su larguísima existencia. El gen responsable de proporcionar a la mosca de la fruta tanta juventud y tanta vida se llama Indy y se encuentra presente sin mutación en el genoma humano, lo que hace concebir esperanzas de que algún día no remoto también nosotros podamos disfrutar, como la Drosófila melanogaster, de la eterna juventud o algo parecido. A mí no me cabe duda de que ese día llegará. Tarde o temprano, encontraremos en nuestras farmacias píldoras que nos darán la eterna juventud y casi la vida eterna. Pero el problema no es ése. El problema será qué hacer con todo eso. ¿Cómo llenar de vida tanta vida? ¿Cómo llenar de pasión, de emoción, de gozo, de placer, de juventud, tanta juventud?
La vida y, dentro de ella, cada edad tienen su medida, quizá porque ni la vida ni sus distintas edades dan mucho más de sí. Se puede ser niño ocho años, pero tal vez no más. Se puede ser joven quince o veinte años, pero el espejismo o el engaño que supone la juventud, el encantamiento, la nube, el aprendizaje no se pueden prolongar, salvo que se sea un cretino sin remedio. La juventud, como se sabe, es una enfermedad que se cura con los años. Y si no se cura, malo. La propia vida se acaba porque se acaba, porque no tiene más recursos para mantenernos vivos, ilusionados, con ganas de seguir en la batalla. Aunque nadie quiera morirse, que ése es otro cantar, a todo el mundo le sobra la mitad de la vida o más. Una vez que se han vivido las contadas experiencias que la existencia nos ofrece (amar, odiar, sufrir, gozar, comer, dormir, soñar, trabajar, ganar, perder, subir, bajar, etc.) todo es repetición, rutina. El doble de vida supondría acaso el doble de aburrimiento, el doble de horas muertas, de días vacíos, de años repetidos, idénticos en su monotonía. El problema de la eterna juventud sería qué hacer con tanta juventud y tanta vida.

Heridas dijo
No hay nada, abosolutamente nada, que sea eterno. Tu crees que si? Dime una sola cosa que lo sea.
Por cierto me gustan tus reflexiones, te añado para asi poder seguir reflexionando jeje. Besos
22 Diciembre 2006 | 10:27