LA LEY DE LA ESPECIE
En el ensayo Ley de la especie, dice Schopenhauer que la concepción de un hijo es el fin único y verdadero de toda novela de amor, aunque los enamorados no lo sospechen. La naturaleza se sirve de la estratagema amorosa para lograr sus objetivos: la creación de nuevos seres que garanticen el futuro de la humanidad. Si hace falta, se alía con los poetas, con los dramaturgos, con los modistos, con los músicos y crea el gran teatro del amor, sólo para lograr que el más fuerte y la más bella (es decir, los más idóneos para procrear un ser perfecto y con posibilidades de vida) se encuentren, se enamoren y tengan un retoño. Lo demás es literatura, que la naturaleza –que nos conoce y sabe que somos noveleros, por algo es nuestra madre- borda, con la ayuda de los poetas, para llevarnos poéticamente al huerto. Porque por muy libres que nos creamos, es ella la que juega con nosotros y nos hace bailar al son de sus secretos impulsos.
Viene esto a cuento porque de un tiempo a esta parte se está hablando con insistencia de la decadencia de la virilidad. Cada día aparece una noticia que confirma que la virilidad anda de capa caída por culpa del estrés y la polución. Andamos cortitos de deseo sexual y con problemas de funcionalidad y fertilidad. La calidad del semen ha disminuido alarmantemente y se calcula que de aquí a pocos años el 52 por ciento de los hombres tendremos problemas de erección.
Mi teoría (absurda, por supuesto) es que todo obedece a un frío plan de la naturaleza, que está utilizando el estrés, la polución, el coco, la coca y otros agobios de la vida moderna para atacarnos donde más nos duele. La especie está asegurada. Ya no se necesita producir tantos individuos, puesto que, gracias a los avances de la medicina y a las mejoras de la alimentación y las condiciones de vida, la mortandad infantil se ha reducido y a los viejos no hay quien los mate. El mundo comienza a estar superpoblado, lo que supone una amenaza para la propia especie y para la naturaleza. La estrategia ahora es reducir la producción, y ya que nosotros no nos decidimos a controlar en serio la natalidad, la naturaleza se ha puesto manos a la obra dispuesta a cortar por lo sano y esterilizarnos.
