MÁS SOBRE LA LIBERTAD
Según Marguerite de Yourcenar, el emperador Adriano dudaba que toda la filosofía de este mundo consiguiera suprimir la esclavitud; a lo sumo, le cambiarían el nombre. Era capaz de imaginar formas de servidumbre peores que las de su tiempo, por más insidiosas, ya fuese porque se lograra transformar a los hombres en máquinas estúpidas y satisfechas, creídas de su libertad en pleno sometimiento, o porque suprimiendo los ocios y los placeres humanos, se fomentase en ellos un gusto por el trabajo tan violento como la pasión de la guerra entre las razas bárbaras. A estas servidumbres del espíritu o la imaginación, Adriano prefería la esclavitud de hecho.
En realidad, hay muchas formas de ser esclavo, y tampoco yo estoy muy convencido de que nosotros estemos menos sometidos que un siervo de la antigua Roma. El hecho de que hayan desaparecido el látigo y las cadenas no implica que haya desaparecido la esclavitud. Sólo prueba el perfeccionamiento del sistema que ya no necesita de esos chuscos instrumentos para tenernos controlados.
¿Qué mejor látigo que el despertador, el semáforo, las sirenas de las fábricas, las cartas de Hacienda o de los bancos, la tele, la publicidad? ¿Qué mejores cadenas que la letra del coche, el crédito hipotecario, el pan de los hijos, la obligación de llegar a fin de mes? La sofisticación del amo al que servimos, como imaginaba Adriano, ha logrado convencer a los esclavos de que son libres, y éstos, convertidos en máquinas estúpidas y satisfechas, ciegas a su sometimiento, se lo han creído.
En teoría, somos libres; podemos ir donde queramos y hacer lo que nos apetezca. Todo nos está permitido. El truco es que todo tiene un precio y, para poder pagarlo, hay que alquilarse o venderse en cuerpo y hasta en alma. En este mercado en el que todo se compra y se vende, la única libertad real la da el dinero. A más dinero, más capacidad de decisión y de elección. Sólo el dinero nos puede liberar de la esclavitud a la que él mismo nos somete. Sólo el dinero nos puede permitir ser dueños de nosotros y de nuestro tiempo. Porque somos libres, de acuerdo, pero ¿qué puede elegir quien nada tiene? Tenemos toda la libertad del mundo, pero ¿la libertad para hacer qué?

eric dijo
Pienso que el error es ya de base. Te meten en la cabeza que tanto tienes tanto vales, por tanto, cuanto mas tengas mas vales, y mas libre eres; Tu pregunta "que puede elegir quien nada tiene" ya refleja ese componente material y esa relacion posesion-libertad. ¿Y si la libertad fuese la no posesión?
Tu otra pregunta "¿libertad para hacer qué?" vuelve a reflejar esa materialidad como si la libertad es poder "hacer algo" comprar algo, viajar,pero ¿y si libertad fuera la posibilidad de hacer lo que tienes que hacer?. Pues te tendrias que parar a pensar " que es lo que tengo que hacer". Y podrias descubrir que "lo que tengo que hacer" no es lo que te han vendido hasta ahora.
De acuerdo con que el colmo de la sofisticacion es el esclavo feliz, pero puedes ser feliz dándote cuenta, y entonces te liberas. Porque las cadenas nos las ponemos nosotros, nos venden comodidad, creemos que queremos comodidad,, la compramos y,... nuevo eslabon en la cadena. Cada vez que elegimos comodidad y descartamos lo que realmente queremos, añadimos un eslabon, siempre, en todos los ámbitos.
7 Diciembre 2006 | 01:31 PM