27 Octubre 2009
Cuando yo era hippy y leía a Krishnamurti aprendí algo importante que, entre otras cosas, me ayudó a sobrellevar mis contradicciones de la época; es decir, qué hacía yo deseando estrangular a aquel tipo si yo era pacifista o cómo podía sentir celos de que mi chica coqueteara con aquel imbécil si todos creíamos en el amor libre. Estas y otras contradicciones se aclaraban cuando el maestro nos explicaba que “el observador es lo observado”. Si usted no ha sido hippy ni ha leído a Krishnamurti, se preguntará que qué diablos quiere decir eso. Pues quiere decir que todos estamos hechos de la misma materia, una materia amasada con todos los sentimientos, emociones, pasiones, filias y fobias de las que es capaz el hombre.
Lo normal ante el miedo, por ejemplo, es decir: tengo miedo. Vemos el miedo como algo exterior a nosotros que momentáneamente nos posee y de lo que podemos escapar huyendo o luchando. Pero Krishnamurti nos enseña que no es que tengamos miedo, sino que somos miedo, que el miedo forma parte de nuestra constitución, que es un elemento más de los muchos de los que estamos hechos, como el valor, la entrega, el entusiasmo, el heroísmo. Todo lo que el ser humano puede sentir o experimentar está en él, es él.
Por eso, yo no me atrevería a decir que no soy racista. Puedo decir que no alimento esa parte de mí que rechaza lo diferente, ese atávico resquemor de clan o de tribu que me impulsa a desconfiar de los que tienen otro color de piel, hablan en otra lengua o adoran a otro dios. Pero no hay que ser ingenuos, no hay que confundir la realidad con el deseo, lo que somos realmente con lo que creemos ser.
El racismo forma parte de nosotros, es un componente humano más. A veces, basta con que un gitano o un negro decidan vivir en nuestra comunidad para que el racismo aflore y nuestra solidaridad universal se resquebraje. Somos racistas, violentos, fanáticos, intolerantes, envidiosos, celosos porque todo eso forma parte de la materia de la que estamos hechos, como lo forma la generosidad, la solidaridad, el altruismo, el amor, el respeto. Todo -lo bueno y lo malo- está en nosotros dispuesto a manifestarse, a dominarnos. Y está bien saberlo para no sorprenderse ni engañarse.
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26 Septiembre 2009
Dice el eslogan de la nueva campaña antitabaco que cuando fuma uno fumamos todos. Y a mí me gustaría saber si todos somos todos los que estamos en la misma habitación del fumador, todos los que estamos en la misma casa, en la misma calle, en la misma ciudad, en el mismo país, en el mismo continente o en todo el mundo. Porque si todos somos los seis mil ochocientos millones de habitantes del planeta, ¡vaya cigarrillo bien aprovechado! ¿Te imaginas la cantidad de dinero que se podría haber ahorrado en tabaco don Santiago Carrillo si hubiese sabido antes que cuando fuma uno fumamos todos? En lugar de comprar una cajetilla le habría bastado con que alguien encendiera un cigarro en la Conchinchina, por ejemplo, para fumar a sus anchas. ¿Te lo imaginas: todo el mundo echando humo porque alguien está fumando en alguna parte? Pero no, no te lo imagines porque eso es sólo un disparate de publicitarios. Un cigarrillo no da para tanto. La realidad es que cuando fuma uno, fuma uno y, a lo sumo, fastidia a los que están a su alrededor. Y si no, ve y dile a un fumador empedernido, desesperado porque está sin tabaco, que no se preocupe, que cuando fuma uno fumamos todos... A ver a dónde te manda.
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24 Septiembre 2009
La prostitución, ejercida libremente, debería ser una actividad tan digna como cualquier otra de las muchas actividades presuntamente dignas que realizamos a lo largo de nuestra vida. No es más indigno vender (o alquilar) el cuerpo que otras partes más nobles de nosotros, como el cerebro o el alma, y todos de un modo u otro lo hacemos todos los días. Todos vendemos (o alquilamos) algo de nosotros para ganarnos el pan. Una mujer o un hombre que deciden libremente, incluso con un cierto placer, comerciar con su cuerpo, están en su pleno derecho. La prostitución (siempre elegida por quien la ejerce, nunca impuesta) no es ni debería ser ningún delito. El delito -y lo que hay que perseguir incansablemente- es la trata de blancas, el proxenetismo y cualquier tipo de esclavitud que obligue a un ser humano a ejercer por la fuerza una actividad que no desea. Lo demás, es asunto de cada uno.
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24 Septiembre 2009
1
Veinte divorcios por hora
nos dicen que no están hechos
las mujeres ni los hombres
para hablar de amor eterno.
2
El amor es el engaño
de creer que esa persona
es mejor que las demás,
que es distinta de las otras.
3
El amor más generoso
el más desinteresado
-al que no le pides nada-
es el amor a tu gato.
servido por rojoynegro
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18 Abril 2008
¿Por qué estamos aquí? Nadie lo sabe.
Vivimos porque sí, porque nacemos
sin que medien deseo, consentimiento,
ni premeditación por nuestra parte.
Nacemos empujados e ignorantes,
e ignorantes entramos en el juego
de la vida: gozamos, padecemos
siguiendo por instinto hacia adelante.
Nos inventamos leyes y morales
para justificar el desconcierto
de saber que no hay nada firme y cierto.
Creamos de la nada, a nuestra imagen,
dioses que nos expliquen, nos amparen
y a la postre nos premien con el cielo,
si somos buenos, o con el infierno,
si somos malos. Mísero chantaje.
Infantilismos, mitos, vaguedades,
mentiras aceptadas, dogmas, cuentos
que no convencen al que está despierto
y no encuentra consuelo en engañarse.
Nada, ni un clavo ardiendo al que aferrarse.
Todo es según y como, pasajero;
ahora, verdad; mañana, ya veremos.
Nos vale todo porque nada vale.
¿Por qué estamos aquí? Nadie lo sabe.
Sólo sabemos lo que no sabemos,
que es infinito, y ni siquiera eso.
Del sentido, si lo hay, qué sabe nadie.
servido por rojoynegro
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23 Febrero 2008
Estoy cansado de zurcir
cada mañana este disfraz
de hijo de un tiempo que no da
-aunque se estire- más de sí.
Estoy cansado de seguir
sin ilusión tras el crital
del desencanto existencial,
socio-político y viril.
Estoy cansado de exprimir
los mismos temas, de jugar
al mismo juego, de girar
como un Long Play de viejos hits.
servido por rojoynegro
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5 Diciembre 2007
Cuando alguien es muy feo se suele decir que es más feo que Picio. Pero Picio no nació feo. Al parecer, se volvió feo no de un susto, sino de una alegría, que también las alegrías inesperadas pueden hacer pupa. No sé sabe muy bien por qué razón, Picio, un zapatero que vivió a principios del siglo XX en un pueblecito de Granada, fue condenado a muerte. Estaban a punto de ajusticiarlo cuando recibió la alegre noticia de su indulto. La impresión fue tan fuerte que le produjo la caída total del pelo y una serie de transformaciones que le deformaron completamente el rostro. Se volvió tan feo que, según se cuenta, al morirse, le dieron la extremaunción con caña porque el párroco no se atrevía a acercarse. Dice el saber popular que no hay mal que por bien no venga. Pero al pobre Picio le ocurrió todo lo contrario: un bien –el indulto- le acarreó un mal –la fealdad- que a muchos, sobre todo en estos tiempos nuestros, les haría desear mil veces la muerte.
servido por rojoynegro
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27 Noviembre 2007
a eric
Cuenta la leyenda
que el glave Chen-Nung
-empeladol chino-,
después de habel puesto
a helvil un puchelo
de agua, vio volal
soble su cabeza
pájalos fugaces
que con elegancia
fuelon a posalse
soble el agua hilviendo.
Pasado un momento,
la culiosidad
pudo más que el miedo,
y el glave Chen-Nung
-empeladol chino-
plobó la cocción
y vio que ela bueno
y que le inundaba
una sensación
glata pol el cuelpo.
Glacias a Chen-Nung
y a su atlevimiento,
los ingleses pueden
tomal té con pastas
a las five o’clock.
servido por rojoynegro
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